Te eximo
de cualquier culpa:
no hubo velos
ni engaños.
Eras un pedacito
de posible
y yo me encargué
de inventarme el resto.
Nina Ferrari
Música sin antecedentes, libros por puro gusto,películas sin pretensiones, lugares impopulares.
Te eximo
de cualquier culpa:
no hubo velos
ni engaños.
Eras un pedacito
de posible
y yo me encargué
de inventarme el resto.
Nina Ferrari
La mayoría de las noches se repetía la misma canción. Ella me gritaba, agarraba su bolso y se largaba pegando un portazo. Era efectivo; habíamos vivido juntos y nos habíamos amado durante mucho tiempo, tenía que afectarme y me afectaba. Pero siempre la dejaba irse y me sentaba sin remedio en mi silla bebiendo mi whisky y conectaba la radio para escuchar un poco de música clásica. Sabía que ella estaba ahí fuera, y sabía que alguien más estaría con ella, pero tenía que dejar que ocurriera, tenía que dejar que las cosas siguiesen su propio curso.Pero cierta noche, estaba ahí sentado cuando algo se quebró en mi interior, pude sentir como se quebraba, algo se agitó y creció dentro de mí y entonces me levanté y bajé los cuatro pisos de escaleras hasta la calle.
Charles Bukowski / Factotum
El camino a la primaria determinó el resto de mi vida: en esas esquinas convivían prostitutas y monjas, dos lados de la moneda en calles de barrio gris, inhospitalario. Había una pulquería con aquellas puertas de madera que iban y venían cuando entraban clientes y por debajo se podían ver los pies en un piso tapizado de aserrín. Nada ocultaba el olor a fermentación y por alguna razón la gente le pedía a los niños que no se acercaran a ese lugar porque podía salir algún borracho. Igual había una estación de autobuses de segunda y un local que vendía combustible en bolsas amarillas para los calentadores hoy extintos. Había misceláneas y tiendas de ropa entre las vecindades que dejaron de existir, la mayoría como la mía con el temblor de mil novecientos ochenta y cinco. Antes de llegar al colegio, un lugar donde vendían caldos de gallina y sopes y del otro lado un local de estambres y máquinas con juegos que en ese entonces parecían formidables: un hipódromo, futbolitos, un ping pong, entre otros. Igual una farmacia con un caballito de monedas y con un olor a medicamento permanente. La memoria se desgasta pero deja retazos así, que se van destejiendo, que desaparecen como las burbujas de jabón que veía desparecer en la coladera, cuando mi madre lavaba la ropa en una zotehuela que apenas alcanzo a dibujar en mi mente, donde alguna vez un gato cayó de alguno de los otros tres pisos y se quedó con nosotros, según recuerdo, con una oreja rota. Mi infancia siempre tuvo gatos y perros que transitan todavía en los sueños que poco a poco he dejado de tener.
El dolor es inevitable, el sufrimiento es una opción. La frase en el contexto de un libro de Murakami suena razonable cuando después de vivir de manera fragmentada, nos encontramos siempre con la fatalidad o con el final de algo. Será que todo forma parte de una sola escena y hay matices, algunos brillantes, que justifican el caminar después de tantos años. Recuerdo los cuadros de barcos que colgaban de las paredes de mi casa, recuerdo las imágenes de trenes, los paisajes inaccesibles de revistas, las cosas que no pude tener cuando era niño y que permanecieron a lo largo de mi vida. Se escribe a partir de la carencia, de lo precario, es por eso que inventamos la mayor parte de nuestras emociones y nos resistimos a ser pasajeros. Esas ausencias dan frutos pero nos dejan indefensos. Ahí están las palabras, frente a la mentira burda de los hechos que siempre nos desmienten, la realidad que siempre nos decepciona. Esos inventos son los que nos hacen latir, los que se quedan hablando por nosotros hasta que se difuminan en el éter de la vida. Por eso seguimos buscando barcos, por eso nos conmueven los trenes.
Será que un blog es un diario impúdico, donde se exhiben todos nuestros disfraces: música, citas literarias, textos inmaduros. Ninguna palabra autobiográfica, ni un párrafo de mi vida, como si a través de las voces de otros, jugáramos a las escondidas, desde esos años lejanos cuando después de permanecer ocultos por un tiempo, nadie nos buscaba. Qué episodio de la vida merece ser escrito, descrito. Qué pasaje tiene la suficiencia para sostenerse sin necesidad de recurrir a la invención, a esa forma de literatura llamada mentira.Qué sería la novela de Cormac McCarthy sin los barbarismos llevado al límite, sin la creación de un paisaje irrespirable, cómplice de la sangre derramada en cada una de las páginas. Así debe ser la literatura: debe dejarnos sin aliento. ¿Qué episodio de nuestra cotidianeidad merece ser escrito en un diario que habite en la red? Las únicas palabras verdaderas son aquellas que no se dice, las que no se publican. Y es que todos guardamos en nuestro interior la historia verdadera, aquella que reservamos, la que destazamos, la que filtramos para hacerla más amable, la que inventamos para no parecer tan canallas.
Hace tiempo
Cuando tiempo no había
Una jacaranda
Se enredo en tus tobillos
Y latio
Inflamando las nubes
Que ahora sueño
Entonces nací de nuevo
En un cuerpo diferente
Con una historia distinta
Desde entonces
Se acumulan los árboles
En mi habitación
Y los pájaros imaginarios
Los habitan
Y el amanecer llega tarde
Cuando entre líneas
Estás tu
En mi cabeza de helio
Apenas ahora
Que la marea ha bajado
Y cuando he descubierto
Que no era yo tu mapa
Que no era yo quien escribía
En tus libros
Las historias que querías
Que no era yo
Quien descansaba en tu almohada
En fin
Que no era yo
El yo que tú querías
La marea no ha cambiado
No
Y así yo soy un remplazo
Un sustituto
Un tentempie
Y sin embargo
Aún te sueño
Y siguen esos dos
Preguntándose
Que sería si tú ya no
Que sería si yo ya no
Y mi personaje se pregunta
Quien es más cobarde
El que pudiendo no quiere
O el que queriendo no puede
Hace tiempo
Y sigo sujetándome
A tu cintura
Cómo aquellos telescopios
Que buscan constelaciones
No sé para que
Solo para evitar el insomnio
Imaginando
Que solo somos tú y yo
En una isla
Sin nadie más
Y no
No es así
Ahora escribo
Lo que quisiera que fuera
Vaya novela
Dónde tú final y el mío
Coincidieran