"El año pasado, pasé 322 días viajando, lo que significa que tuve que pasar 43 miserables días en mi casa."

Up in the air, 2009

viernes, septiembre 17, 2010



Perdemos el tiempo saturándonos obligatoriamente de conocimiento o bien divirtiéndonos obligatoriamente. Paseando por ahí, sin hacer nada, adoptando de forma correcta las maneras de un despreocupado pero manteniendo todo el rato los ojos abiertos, uno puede adueñarse de los secretos de la vida.

Julián Barnes. Metrolandia

lunes, septiembre 13, 2010

Hoy busco aquella mujer temblorosa
para decirle
junto con tantas citas prescindibles
al pie de una página en blanco
que mi voz se ha quedado
en los nudos de su garganta
desde el tiempo ese
de ladera arriba
sin que la vida extinguiera
el juego de caballos y de luces
hoy busco a esa mujer más cerca de la niña
para decirle
entre murmullos
tartamudeando
que lo siento tanto
que necesito su perdón
por haber dejado
que su risa tan pura
se transformara en mueca

martes, agosto 31, 2010

Ese camino lleno de divagar
y de siluetas
ahora es humo
te he dicho alguna vez
que no fue el tiempo
nuestro tiempo?
Y qué decir del lugar
donde no pudiste dejar
una sola rama
y pasaste como una centella
sin dejar siquiera
que mi lente de miopía
llegara a saber de tu paso
No es una queja
es una lástima
porque mis mano siempre
estuvieron vacías
y la trampa que me preparé
no me condujo a nada
Hoy lamento los minutos tan cerca
hoy lamento la noche sin uso
que me deja desvelado
sin ninguna historia que contar
al balcón
a la escalera

jueves, agosto 26, 2010

Caminamos haciendo giros o muecas
sin razón nos roza
una vena rosa de neón
empobrecido y febril
de tan violento dañino
paso de caricias sin emoción
y demasiadas notas
en esta noche cascada
que detona todas esas interrogaciones
de la cartera
del baúl
del cajón a la derecha de la cama matrimonial
Hacia dónde nuestros pasos
qué clase de taladros necesitan
para dejar para mañana
la partida necesaria
a esos rincones deshidratados
mínimos
donde los gatos procuran
guardar sus noches
de témpanos y manchas

martes, julio 27, 2010

Te miro como hace tantos años
como si no hubiesemos crecido
y no cargaramos esos terrones de lodo
en las alforjas
Te miro y deseo de nuevo
una tarde sin más
de paraguas y de parques
previo a esta rigidez
de sal intoxicada
Podremos todavía traer nubes
a estas azoteas
Lo pienso y es inutil
explorar debajo de las capas
porque todo es un fragmento
blando del tiempo
que nos dejó
en cuclillas
como esperando
la lluvia que no cayó
en una tarde
de arbustos
y campanas

jueves, julio 01, 2010

Escribir en nombre de todos por cada gramo de callejones recorridos y miserias tragos de pan duro de fruta verde y ojo por ojo y diente por diente para esta serie de círculos de niebla plagada de urticaria sin motivo sin heladas Escribir en lenguaje pusilánime sin dejar huella amotinado en el sueño de callejones secos sin logro sin laudos ni espadas afiladas que pernocten con el héroe falso de mi historia vil de hierro de yerros de tantas sumas que nos restan y carcomen el árbol de nuestra memoria pálida Es el final que se dibuja en esta mesa vacía es el principio y los recortes pendientes de los muros húmedos de tanto mar de tanta ola de sangre de tanta luz en vela suspendida en mis extremos tan céntricos tan convenientes

martes, junio 15, 2010

Qué tanta lluvia
aparece hoy de nuevo
sin señal de lacerar
el estado de ánimo
en el que dormimos
caliente
intrepido
Qué merecemos más
para gozar aire suficiente
y relojes en la manos
qué dejamos más
en el mundo acelerado
sembrado de tanta interrogación
qué mérito al menos
para quedarnos
si tan fácil nos dejan de lado
si prescinden de nosotros
con tan poca fatiga
y al final qué poco dejamos
un baúl
una carta perdida
en el hemisferio de nuestros continentes
una carta que dice cómo estás
lejano
en un dónde
habitado por las voces
que dejaste
detenidas
en la sala
cuando alguien
no sé quién
se acongoja
al no saber
que el fantasma del vocablo
cuando muere la noche
al latir de ese cerebro
tan dormido
como nube de espirales
se dilata
y del sueño amarejada
vuelve

sábado, junio 05, 2010



Me parece a mí que delante de una tumba todos pensamos más o menos lo mismo, y que eso mismo, elocuencia aparte, apenas se distingue de las meditaciones de Hamlet ante la calavera de Yorick. No hay mucho que pensar ni que decir que no sea una variante de "mil veces llevome a sus espaldas". Un cementerio, por lo general, sirve para recordarnos lo estrechas y triviales que pueden ser nuestras ideas al respecto. Sí, claro, podemos intentar hablar con los muertos, si creemos que ello va a ayudarnos; podemos empezar diciendo "Bueno, mamá"... Pero es difícil no saber -si es que pasamos de la primera frase- que lo mismo nos daría entrar en conversación con la columna de vértebras que cuelga en la consulta del osteópata. Podemos prometerles cosas, podemos ponerlos al corriente de los últimos acaecimientos, pedirles comprensión, solicitar su perdón o cariño; o podemos planteárnoslo de otro modo -el activo-, poniéndonos a arrancar malas hierbas, limpiar la gravilla, pasar el dedo por las letras talladas en la losa; podemos incluso agacharnos y situar las manos directamente encima de sus restos, tocando la tierra, su tierra; podemos cerrar los ojos y recordar cómo eran cuando estaban entre nosotros. Pero ningún resultado se deriva de tales reminiscencias, salvo el de hacer que los sintamos aún más lejos, más fuera de nuestro alcance de lo que estaban diez minutos antes, mientras íbamos acercándonos en el coche. Si no hay en el cementerio nadie que nos vea, puede que lleguemos a hacer cosas bastante disparatadas, en nuestro empeño por conseguir que los muertos no parezcan tan muertos. Pero, incluso si lo conseguimos, si nos esforzamos lo suficiente como para sentir su presencia, alguna vez tendremos que marcharnos de allí, sin ellos. Lo que demuestran los cementerios, al menos a las personas como yo, no es que los muertos estén presentes, sino que ya se han ido. Ellos se han ido y nosotros, por el momento, aquí estamos. Esto es fundamental y, por inaceptable que resulte, muy fácil de entender.

Philip Roth. Patrimonio


sábado, abril 24, 2010



Muchas veces me imagino que hay un montón de críos jugando a algo en un campo de centeno y todo eso. Son miles de críos y no hay nadie cerca, quiero decir que no hay nadie mayor, sólo yo. Estoy de pie, al borde de un precipicio de locos. Y lo que tengo que hacer es agarrar a todo el que se acerque al precipicio, quiero decir que si van corriendo sin mirar adónde van, yo tengo que salir de donde esté y agarrarlos. Eso es lo que haría todo el tiempo. Sería el guardián entre el centeno y todo eso. Sé que es una locura, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.


J.D. Salinger. El guardián entre el centeno


miércoles, abril 21, 2010

A veces llega
cuando la espera
comienza ser extraña
un rumor de sombra
o de polvo
en el hueco
del estómago
ante su falta
Es tiempo de recuentos
por más cruel que ello sea
ya se mojan las púpilas
sin motivo
y a falta de cataratas
el mar estancado
encanta
se quiere paz
ante tanta falta
de delirio
se camina
se encuentra sentido
así de lánguido
como suena

Me resisto a que se aclaren mis dudas