Música sin antecedentes, libros por puro gusto,películas sin pretensiones, lugares impopulares.
"El año pasado, pasé 322 días viajando, lo que significa que tuve que pasar 43 miserables días en mi casa."
Up in the air, 2009
Up in the air, 2009
martes, marzo 21, 2017
Canción de Primavera
No he podido sacarme de la mente esto:
"Conseguí llegar a viejo
verde
mendigando amor,
que esperabas de un pendejo
como yo."
lunes, marzo 20, 2017
EQUINOCCIO
No me alejo de ti
periódicamente
sol
con intensión propia de hacerlo
es el curso natural de lo que pasa
son las órbitas definidas desde el principio
de los tiempos
cuando no existía el tiempo
Lo que sé
es que regreso
una y otra vez
al mismo punto
y los hombres envejecen
sin notar siquiera
un parpadeo tuyo
y junto con ese rodeo
mi eje gira también
y se repite
la noche y el día
así continuamente
Pero mi órbita no permite que te toque
y así
desde mi nacimiento
me debo conformar con observar tu luz
teniendo en mente
que yo desapareceré primero
Y hay retornos en los que
esos días y esas noches
son lo mismo
y algunos dicen
que es en ese entonces
cuando todo eso
argumento de estrellas y constelaciones
no es suficiente
para detenerme
y dejar que sigan los otros planetas
su viaje
sábado, marzo 04, 2017
Ese Metallica de entonces
Metallica es uno de esos grupos que por alguna razón han sido desterrados del paraíso fundamentalista de los metaleros de raza pura. ¿La razón? Supongo que es el riesgo que corre un grupo sobre expuesto de un género que alguna vez fue considerado como subterráneo. Los radicales del metal pueden aceptar a grupos que llevan 30 años haciendo exactamente lo mismo, viviendo de sus conciertos y tocando los mismos discos de entonces, pero son incapaces de aceptar cualquier cosa de Metallica Posterior a ...And Justice for All. ¿Quién comercializa más su nombre, Metallica, Kiss o Iron Maiden? ¿Cuál de estos grupos tiene más rasgos de marca comercial? Pues Metallíca es una banda imperdonable ya como lugar común, algunos dicen que "porque se vendió", cualquiera cosa que eso signifique. Con todo y eso, han estado en activo desde esas épocas doradas del metal, hasta nuestros días, con discos insustanciales, sí, pero produciendo. El grupo ha envejecido, como ha envejecido el género. Hace 24 años y por estas mismas fechas, Metallica tocó por primera vez en el Distrito Federal de entonces. Los boletos se conseguían formándose al menos una noche afuera de las taquillas, sobre Churubusco, los precios no eran tan despiadados como lo son ahora y, aunque ya mucho le había dado la espalda al grupo, había una legítima emoción por ver a los creadores de Ride the Lightning, Master of Puppets y ...And Justice for All, esa trilogía fundamental no solo para el metal, si no para la música en general. ¿Qué queda de ese Metallica y de aquel de 1999 que tocó por primera vez en el Foro Sol junto a Monster Magnet y Pantera, en aquel concierto memorable no solo por su potencia, si no por la destrucción literal de la zona VIP con todo y sus sillas numeradas? Los mismos gestos, la misma estructura de su set list, los riffs cada vez menos sorpresivos, el público fiel que ha envejecido y se ha ido acomodando al paso de la vida.Un disco nuevo que agradará a algunos cuarentones o cincuentones que encuentren el regreso a las raíces de ese grupo que se perdió en el camino y a aquellos que lo descubrieron con el album negro. ¿Qué ha cambiado de ese Metallica de entonces? Quizá ese sentimiento de desahucio y derrota suena artificial ahora, quizá su hambre ha sido saciada como aquél que tiene su retiro asegurado y se dedica a engordar y envejecer en una habitación confortable. Quizá lo que no se le perdona a Metallica es que haya dejado de ser emocionante.
jueves, febrero 23, 2017
CANTINA SALÓN ISABEL
Apenas visible en las calles de Antonio Caso, una entrada más de club que de cantina, o de baños de vapor; apenas visible el acceso y su puerta de madera, que si te atreves a cruzar, encontrarás un sitio enorme y guarro quizá de los setentas. Techo de polideportivo, posters de desnudos inimaginables (en la barra se puede ver el cromo de una mujer desnuda en una cama cubierta de pétalos de rosas. El mobiliario incluye una bandera de México, mesas de madera con sitios habilitados para poner las bebidas al costado de las patas, permitiendo así jugar al dominó, barra con escupidera y rocola que nadie usa. Botana brava y grasienta, como va saliendo de una cocina invisible: chicharrón en salsa verde, chamorros trogloditas, sopa de lentejas. Si no comes, te dan cacahuates españoles, de esos con cascarita.
Música en vivo con un grupo de jóvenes que tocan rock de viejito. Sin grupo, normalmente se escucha música razonable, sospechosa para el lugar: B52, KC and The Sunshines, Huey Lewis and The News, Blondie, Go West, entre otros grupos semi olvidados. Cerveza al dos por uno los jueves, clientes sindicalistas y señoras que se inician en el vicio, meseros afiladísimos. Pide cerveza de barril Superior Oscura, evita el ron blanco, que en lugares como éste tiende a ser adulterado. Utiliza los sanitarios bajo tu propio riesgo.
miércoles, febrero 15, 2017
Café La Pagoda
No sé cuántos años tiene este lugar, pero yo lo conocí -como tantos otros- por mi padre. Recuerdo salir por la noche a la calle Cinco de Mayo, después de recorrer San Ildefonso y pasar por un costado de la Catedral, iluminada ya con su tez amarillenta. Esa calle era la más amplia desde entonces y se distinguía por sus cafés, la mayoría de ellos populares. Era uno de ellos El Popular, aún abierto, el antecedente de La pagoda, un poco más hacia la Alameda, pasando por La Blanca, esa cafetería enorme, famosa por que se decía que la leche que se servía ahí provenía directamente de una vaca llamada Blanca. Estos tres lugares existen todavía, pero de ellos, La pagoda se mantiene en crecimiento gracias a su política de mantener precios bajos sin sacrificar la calidad de sus platos. Es un lugar además, abierto todo el día y toda la noche, sirviendo paquetes de los de hace 50 años o más a todas horas. El mobiliario ha cambiado, pero si se observa con atención, todavía quedan vestigios del original: una cafetera, algunos anuncios, quizá los asientos de la barra, tapizados en color mamey, como esos uniformes de las meseras que por momentos recuerdan a los de las enfermeras. El café es excepcional, igual que los huevos molcajeteados con tortillas gruesas y amarillas. No es un lugar de cachivaches, atendido por gente genial; tampoco es un lugar que incomode y el trato de sus empleados es muy generoso. Su sistema funciona a la perfección, resistiendo el embate del tiempo. Se puede ir a desayunar después de recorrer la Alameda y salir a la hora en que las calles no están saturadas de gente y recorrer esa calle ancha que conserva, a diferencia de Madero, su esencia original. Los días de muertos venden pan relleno de nata.
Los puentes de Madison
Manifestando desde el inicio mi fanatismo por todo lo que se refiera a Clint Eastwood, especialmente en la etapa en la que se incluye esta película, procedo a dar mis mejores argumentos para resaltar un cine clásico, del último de los clásicos; cine sin pretensiones, sin contrapuntos, sin contratiempos; cine del más valioso o al menos, del que más me conmueve. Y sí, está bien la experimentación y el ambiente psicotrópico, o la provocación abierta con todas las posibilidades del sexo, pero aquí tenemos cine de la vieja escuela, así sin más. Y pero aun, se trata de una película de amor, cualquier cosa que esta palabra signifique.
El interés radica en los personajes. Y no me refiero a los protagónicos, inmejorables, por cierto, si no a los que no aparecen en los créditos: las cenizas de Francesca Johnson (Meryl Streep) y Robert Kincaid (el propio Clint Eastwood) y los puentes que le dan título a la historia. Porque todo arranca a partir de las cenizas y desemboca con ellas mismas, las cenizas como significado de la última voluntad y de la incertidumbre. Entre poemas de Yeats, canciones de jazz y blues y pueblos retrógradas, transcurre la historia condensada en cuatro días de estos solitarios, cada cual a su manera, de estos dos seres complicados ubicados en universos completamente diferentes uno del otro. Son los puentes, los otros protagonistas: esas sobrias construcciones de madera, viejas desde entonces a nuestros ojos, marcadas por el paso del tiempo con evidencias de quienes por ahí cruzaron. Las cenizas y los puentes dejan en un lugar terciario a los otros protagonistas: esposos y esposas, hijos, gente del pueblo, los cuales son utilizados como argumento que justifica el hilo argumental y le da soporte al secreto que abona la tierra suficiente para que el espectador quede convencido de la premisa presentada: el tiempo es relativo y la felicidad se presenta por ráfagas que no necesariamente tienen que ver con la vida cotidiana. "A mi familia le entregué mi vida, a Robert le quiero entregar lo que queda de mí", dice Francesca al final de sus diarios y de la propia película. Esta decisión le otorga la trascendencia que según ella merecía su pequeña vida vivida en cuatro días, distinguiéndola de aquella vida predecible a la cual entregó cada uno de sus años.
sábado, enero 28, 2017
The Correspondence, de Giuseppe Tornatore
Giuseppe Tornatore nos lanza a la cara una obra de madurez repleta de símbolos para narrar la historia de un amor que no encaja en el prototipo y que por lo tanto es merecedor de novelarlo o, en este caso, de hacerlo película. La historia de Amy y de Ed, nombres de pocas letras; detalle que pareciera intrascendente, pero que resulta significativo en una narración que se sostiene más que por las acciones, por las palabras, sobre todo las palabras escritas.
El inicio en primer plano, único momento en el que los dos amantes compartirán escena. La elegancia de Tornatore desde ese arranque, dejando inmóvil la cámara para que transcurran escenas llenas de significados, nos involucran de inmediato con la trama y con los personajes.
Los símbolos se transmutan en pistas, en indicios: un perro que observa a Amy con una tristeza infinita, quizá sintiendo una muerte lejana, el temblor de una hoja de liquidámbar en una ventana, sin ninguna corriente de aire que lo provoque, la propia forma de ganarse la vida de los dos involucrados, el infinito por un lado, a través de la ciencia y por otro lado, el desafío a la muerte. El infinito, la partícula de dios, los agujeros negros, son utilizados también como la idea que amortiguará la idea limitada de eternidad al alcance del ser humano.
Los personajes secundarios se presentan como sustento de la historia de los personajes principales, por eso nos interesa su aparición, son parte del rastro que deja la explosión de esa supernova utilizada como la imagen más poética de la muerte, del infinito y de la ausencia definitiva. El ritmo mesurado de los acontecimientos, la construcción de las secuencias en un tiempo lineal, a contratiempo de los mensajes recibidos, utilizados como narraciones paralelas que nos sirven para construir los últimos días de Ed, la fotografía lánguida, serena, las palabras maduras, la economía del lenguaje, son daos que nos permiten entrar en el universo de un director maduro, sabedor de lo que ha aportado al mundo del cine y de las artes.
Algunas de las estrellas cuya luz recibimos en este momento, han muerto hace millones de años. Esa es la existencia de la que habla Ed, la que persigue con toda su inteligencia y que, como simple mortal, reconoce limitada. Por más empeño que se ponga, llega un momento en el que todo se acaba, en el que todo se escapa de las manos. A partir de su muerte, Ed llena de significados las cosas que no volverá a ver, en el afán de sobrevivir un tiempo más, tan solo para facilitarle el trance a Amy. ¿No es el objetivo del arte en su totalidad? Dejar una evidencia de nuestro paso por la tierra, diluirnos lo más lentamente posible.
La marca de la pluma que utiliza Ed para escribir, los videos, los mensajes, los envío posfechados, todo nos dice que dialogamos con algo que ya no existe. Algo que seguirá iluminando con su reflejo, aun sin tener conciencia de ello, pero que finalmente se extinguirá.
En el video final Ed se encuentra de espaldas. Solo trata de decir que se revierte hacia la nada, agotadas ya las formas de continuar con esa vida imaginaria que nos obliga a meditar ¿existe lo que transcurre en un mundo virtual? Es la actualización de algunas de las preguntas recurrentes del ser humano: ¿de qué materia están hechos los sueños? ¿existo porque alguien me recuerda? ¿podemos acceder a la inmortalidad? Tornatore responde en las palabras de despedida de Ed: “el hombre nace con la capacidad de ser inmortal, sin embargo, comete un error, un solo error en su vida, que hace que pierda ese don”. Conocer cuál es ese error, es la máxima fortuna a la que puede aspirar el ser humano.

Cada mañana al trabajo, perfectamente afeitados, la corbata anudada al cuello, para pasar el día en actividades ignotas; a la hora de la cena, de nuevo en casa para examinar críticamente la comida o desplegar el periódico, alzarlo entre ellos y el fango de la cocina, las enfermedades, las emociones y los bebés. Cuánto tenían que aprender tan de prisa. A doblegarse ante el jefe y a lidiar con la esposa. A manejarse con autoridad en hipotecas, muros medianeros, hierba del jardín, desagües y política, y al mismo tiempo en el empleo que por un cuarto de siglo debía mantener a sus familias.
ALICE MUNRO
miércoles, mayo 04, 2016
Presentación Cuarto Coral
Antes de hablar sobre este mi
cuarto libro, quisiera agradecer a Taciturno por permitirme llegar hasta aquí,
inédito en un elevado porcentaje, solo con el respaldo de mi voz. Porque esta
reunión se trata de autogestión, de auto publicación, de soltar amarras por
necedad más que por soberbia; quizá hablamos de autocomplacencia, con todo lo
que ese vocablo insinúa.
Y sí, como dije, hoy presento
este mi Cuarto coral, después de aprender a contar hasta tres a lo largo de
estos años previos a la decisión de publicar, años que se vieron truncados por
mi primer libro: Nativa, un libro que hablaba y sigue hablando del proceso de
gestación y nacimiento de mi única hija. Por esa primera obra mínima escribía
en ese entonces textos como este que me permito leerles:
[Antes de ti]
1
Nací amordazado
Nací amordazado
en el momento más inoportuno
supongo
tuve miedo
supongo
tuve miedo
desde que mi memoria
comenzó su marcha
mi mérito es la resistencia a las aguas profundas
A falta de milagros
mi mérito es la resistencia a las aguas profundas
A falta de milagros
inventé ciudades en la mente
escalé montañas
tuve amigos imaginarios
Desde el fondo de mis ojos
Desde el fondo de mis ojos
mi deleite no era el de otros
mi sonrisa creció
con las pompas de jabón
que se perdían en las coladeras
y con el olor a fruta de los mercados
Así explico mi sencillez
Así explico mi sencillez
niña marina
y mis reclamos
así mi tensión muscular
así mi tensión muscular
y mi cansancio de almohadas
No tuve afición fuerte
excepto la pelota
excepto la pelota
Quisiera decir
"mi infancia son recuerdos de un patio
de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero..."
y un huerto claro donde madura el limonero..."
pero no corrí detrás de nadie
no me columpié
no tuve disfraces
ni papalotes
jugué siempre a las escondidas
mientras amasaba la arcilla
del cerebro complicado
que el tiempo me ha concedido
Por eso puedo decirte
que los dos seremos igual de niños
que naceré de nuevo contigo
y buscaremos la forma de dar a luz
Tendremos un pájaro y un tamborcillo
un alud de charcos
para iniciar la travesía
por un mar que ya exploré
pero que siempre será nuevo.
pero que siempre será nuevo.
Así arranca el viaje que nos lleva hasta el
día de hoy, con dos estaciones más, la primera de ellas Líquido semántico, una
obra de escondrijos, hermética, con la voz de quien se oculta con toda la
intención de ser encontrado; libro que inicia con el juego erótico desde su propio
nombre y concluye en el campo de los sueños, donde se mueve con mayor confianza
el poeta, donde su fracaso se hace luminoso. Fertilidad y sueños, dualidad
ambivalente y generosa. De esta batalla surgen textos como el siguiente:
[El hábito al
desnudo]
En este camino
dorado
siendo gota
mi costado
derecho
se dirige a la
cabeza
enredado en
lunares de lumbre
(astrolabio de
navíos)
Mi muslo
siniestro
desliza
onomatopeyas
por el cuello
de arena de trigo
mi mano de
naipes
columpia dos
niños de pecho
y en la meseta
los pies en
polvorosa
caminan en el
valle salino
del ombligo
Cada ganglio
se incorpora a
la mínima boca
del príncipe
que bugambilia lunas
y la columna
visceral
se enciende en
el remolino
del pezón
adulterado
Nada falta en
el hábito
sin el desnudo no visto
Cuántos
esternones sin ver
y cuánta
habitación
si la boca es
lo más
con sus
dientes anzuelo
Hablaré otras
lenguas
para dejar
quieto
al suero que
soy
a la gota
que resbala
por tus
millones
de
cuerpos
La estación previa, la tercera, Mirada mil me
llevó a caminos luminosos después de podar las ramas secas. Entre juegos de
palabras, se justificaban las muchas miradas, los ojos que no envejecen ni se
cansan de ver las nubes. Escribía
entonces:
...y
somos menos ingenuos
como
parece
antes
de la tarde
como
aquellos pasos
que
se marcan más
mientras
más caminan
Una
nube
un
torrente de muertos
la
tensión escalando
nuestros
músculos
¿cuál
es la receta?
Parece
que las hojas
caminaran
con nosotros
y
se enredaran en las puertas
que
nos habitaron
...y
somos menos ingenuos
y
sin embargo
nos
duele más
y
menos nos detiene
la
mirada de las calles
y
nos vemos pasar
y
así parece
que
el tiempo
se
deshace
y
se hace
grande
tan
grande
como
el mundo
que
nació
cuando
nacimos
Uno empieza a existir si se le
nombra. Esta premisa inunda los textos que escucharán: se trata de palabras
inmunes al olvido porque se originan en la distancia.
Palabras que no se agotarán
porque ni siquiera han nacido, cálidas, abrigadoras; palabras puras, sinceras.
Mi mirada mil, mi Cuarto coral lleno de voces, mi irrealidad que se resiste a
ser palabra viva.
Cuarto coral es una mirada
diferente. Coral es una serie de voces, un canto de muchos, una voz fonética
múltiple. Cuarto se refiere al número cuatro y es también una habitación. Coral
es una persona oculta, submarina. Es alguien con voz y palabras propias, un
alguien que anda conmigo permanentemente en lo que sueño, en lo que imagino. Es
un símbolo, un significado de las letras que hoy les traigo a exhibir
exhibiéndome. Quizá la cura de la lejanía sea invocar en palabras vivas su
presencia. Para esa ilusión, todo lo que sigue, para el campo minado de los
sueños donde crecen fértiles las palabras, la irrealidad, la nítida irrealidad
que insiste siempre en querer hacerse viva. ¿Hay algo más vivo que lo que en su
inexistencia nos hace crear mundos?
El libro en fin, es la imagen
del barco que se hunde para promover corales; los restos del naufragio que se
convierten en vida marina; la vida de un marinero de ciudad, con sus sueños
abisales, su canto de sirenas, sus orquídeas.
Muchas gracias.
sábado, abril 30, 2016
Presentación de Cuarto coral
Estas son las palabras que Jonathan Berumen le dedicó a mi Cuarto coral y que leyó durante la presentación en la Casa Museo López Portillo, en Guadalajara. Le agradezco mucho por ellas.
Buceo al cuarto coral
Buceo al cuarto coral
Las palabras muestran un navegar constante en el cual el poeta se ha embarcado a los cuatro
vientos, a veces unidireccional, abarcando el territorio de la cotidianidad y otras veces, en un
cambio vertiginoso va más allá de la territorialidad y de la profundidad del mar para llegar a ese
sitio que se ha vuelto habitual para Armando, un cuarto coral.
Armando encuentra en la poesía su universo interior, impredecible como lo es la marea, su
andar va de extremo a extremo, ya que va de una vida llena de hallazgos a una vida de batalla,
llena de pérdidas y de rupturas, ahogando sus miedos en el mar y volviéndolos un arrecife.
El mensaje que entrega la poesía no yace en la superficialidad de los discursos a los cuales
también se les ha llamado poesía, el poeta, en su ejercicio diario debe de ir al fondo de ello,
buceando dentro del ser y de los seres, redescubriendo y renombrando, es aquí donde la
búsqueda de Armando Ayala se reafirma, cuando decide lanzar su ancla y encallar frente a la
costa, sumerge su rostro en arena y en agua salada duerme en barcos cargueros, ahí, tendido en la
arena, recapacitando sobre su pasado y su futuro, sobre el amor necesario para zarpar nace
líquida/ la estrella de cal, entonces Armando despierta para visualizar el mapa de su búsqueda,
renuncia a la marea engañosa/ de esa agua que fingía ser río/ y no pasaba de ser nube enferma/
arrodillada.
Entre niebla y buzones imaginarios/ descalzo en la arena/ Armando recuerda aquel intento
de amarrar el mar/ de amar el mar y vierte su memoria en el terreno marino para unificarse, es
aquí donde la complejidad de la vida se va disolviendo para volver al punto de partida, para
purificarse, para volverse una isla de brazos que tensan/al límite/ de este cuerpo/ que necesita
aire/ para salir a flote.
Además del discurso que reflejan los versos de este poemario, el reflejo que nos devuelve
es el una pureza absoluta, cómo mirar al fondo de un río y apreciar la forma de sus piedras y saber
que tarde o temprano la corriente las pulirá, volviéndolas algo hermoso y único. Palabra por
palabra, la construcción del cuarto coral se hace mediante imágenes extraídas de la dureza de las
vivencias de un hombre que renuncia a una vida común, de un hombre que bracea
contracorriente para alcanzar el amor, para aferrarse al aire.
En un mundo donde prevalece lo material y lo que la gente ha manifestado como
“indispensable”, Armando resalta con claridad un mundo minimalista en sus palabras, reabriendo
un significado más universal en la sencillez, en la fragilidad humana, en un espejismo que se
evapora a la par de que dos seres que se miran. El cuerpo ajeno se vuelve el puerto, es el destino
donde yace la hermosura del encuentro, la necesidad de Armando de verse reflejado en otros
ojos, es la poesía su faro que guía a distancia el retorno en su navegar.
Cuarto coral, porque ya hubo otros que preceden a este, donde Armando ensayaba su
diálogo marino, su lamento de agua, en arroyos minerales, donde nombró lo ausente, buscando
que el mar le regresara sus ojos, diciéndole: Que no ves/ que mis ojos son mejores/ con tus ojos.
La mirada prevalece en este poemario, porque se puede divisar en todas direcciones
desde tierra firme, y a su vez adentrarse más profundo, esclarecer el agua, descubrir su brillo, un
cuarto líquido lleno de confesiones donde el amor también asciende en sus burbujas minerales a
la superficie.
Para leer a Armando Ayala, hay que tomar aire, meditar previamente que leer es
sumergirse a lo desconocido, porque para el final: poesía y hombre se conocen, son agua nueva,
hombre y poesía inventan un abecedario donde todo cabe y deciden escribir sobre el humo.
Hombre encierra a la poesía en un libro / para hojearla todo el día/ sin que el tiempo la deteriore.
Jonathan Berumen
Guadalajara, Jalisco, 22 de Abril 2016
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