"El año pasado, pasé 322 días viajando, lo que significa que tuve que pasar 43 miserables días en mi casa."

Up in the air, 2009

miércoles, diciembre 17, 2025

ORDESA



Entonces supe que la muerte de una relación es en realidad la muerte de un lenguaje secreto. Una relación que muere da origen a una lengua muerta. Cada pareja, cuando se enamora y se frecuenta y convive y se ama, crea un idioma que solo pertenece a ellos dos. Ese idioma privado, lleno de neologismos, inflexiones, campos semánticos y sobrentendidos, tiene solamente dos hablantes. Empieza a morir cuando se separan. Muere del todo cuando los dos encuentran nuevas parejas, inventan nuevos lenguajes, superan el duelo que sobrevive a toda muerte. Son millones de lenguas muertas.


Manuel Vilas /Ordesa

jueves, octubre 23, 2025

El mal de Montano



Sigo adelante. Sé que debo seguir, no llorar, observar cómo la vida sigue y mirar cómo la luz nocturna baña las quietas fachadas de los históricos edificios de enfrente. Sé que no debo olvidar que en el fondo siempre quise decirle adiós al amor en la vida y en las novelas, perderlo todo menos la soledad. Y continuar. Terminaba un libro y empezaba otro, siempre continuando. Perderlo todo menos la soledad. Y tener aplomo y dignidad y no llorar, justificarme ante la muerte con una obra bien hecha, llevar la infeliz vida irreprochable de un hombre engañado.


Enrique Vila-Matas / El mal de Montano




miércoles, agosto 28, 2024

Todas las almas

 


Mi cabeza está llena de recuerdos nítidos y fulgurantes, espantosos y exaltadores, y quien pudiera verlos en su conjunto como yo los veo pensaría que eran suficiente para no querer más, para que la sola rememoración de tantos hechos y tantas personas emocionantes llenara los días de la vejez más intensamente que el presente de otros. Pero no es así, e incluso ahora, cuando no parece que haya ocurrido nada imprevisto, es decir, nada; [...] y todo lo estimulante parece tan concluido y tan descartado, te aseguro que incluso ahora sigo queriendo más: lo quiero todo; y lo que me hace levantarme por las mañanas sigue siendo la espera de lo que está por llegar y no se anuncia, es la espera de lo inesperado, y no ceso de fantasear con lo que ha de venir, exactamente igual que cuando tenía dieciséis años, y todo cabía, porque todo cabe en el desconocimiento, y, como te he dicho, siempre he ido sabiendo más de lo que sabía. Pero aun así el desconocimiento sigue siendo tan grande como para que aún hoy siga esperando abarcarlo todo y experimentarlo todo, lo insólito y lo ya probado, otra vez, lo ya probado. Existe el afán por lo desconocido y también el afán por lo conocido, uno no puede aceptar que ciertas cosas no vayan a repetirse.


Javier Marías / Todas las almas


martes, agosto 06, 2024

 La sombra de la tarde avanza

como las luces siniestras de un sueño

atorado en la garganta

Sospecho que nadie estará a salvo

después de este cementerio de dudas

de películas disfrazadas 

de mentiras tibias

Ninguno

sin embargo

permanece

y eso alivia

ni el dolor

ni la alegría

se quedan

vivamos pues desnudos

frente a los relámpagos

que se asoman

entre las rendijas

miércoles, julio 31, 2024

Con una canción que se repite

 Con una canción que se repite

en el aire

a dónde llega

a las ramas del árbol de nicotina

al rincón donde jugamos

a las escondidas

Insiste

se atora en los balcones afilados

regresa

a las horas milimétricas

que deshojamos

entre corchos de botellas

y frases sueltas

se atora

en la garganta inoperante

en las dedos inútiles

permanece

incurable ya

esa canción circula

en los latidos que se resisten

a dejar de palpitar

aunque se apaguen

como el tic tac de un reloj

que enmudece

o se queda

marcando el tiempo

con su diapasón

que cuenta

los cuentos

que esperan el momento adecuado

para que un final feliz 

llegue


martes, julio 30, 2024

Caballitos de mar

 Por lo pronto

dispuesto a creer 

en la sinceridad de las mentiras

Allá aquellos

que se esmeran

en buscar 

gatos de cuatro patas

tréboles de cuatro hojas

agua pura

Prefiero ese yo

oculto

en la cara oscura de la luna

prefiero encontrar camellos

en el ojo de una aguja

sirenas

huyendo e la escena del crimen

mariposas negras

luces pálidas

Habrá tiempo ya

de arrojar las llaves 

a ríos tranquilos

de inundar con sudor frío

camas escépticas

ya habrá tiempo

hoy solo veo pasar

los autos 

por las calles mojadas

hoy solo converso

con ángeles desempleados

y siento el licor

que circula

en los bares deshabitados

donde bebe

el yo menos impostor

entre flores de papel

caballitos de mar

y castillos de arena


lunes, julio 29, 2024

Inventos

 Inventas olas 

en el agua anegada de las calles

faros en las torres de telefonía

estrellas 

en las luces amarillas

de los callejones

Inventas ladridos 

en las azoteas

y abrazos tibios

en las tardes de sequía

qué remedio

inventas cuerpos

para tus manos vacías

Así construyes

tu propia fábula

y eres mejor

y no te hundes

y el enfermo respira

súbito

camina

en un bosque sano

hasta el momento

que inventaste

regrese

y las mentiras

se iluminen 

de verdades


miércoles, julio 24, 2024

Elvira Sastre

 


A Elvira Sastre llegué por una serie de vasos comunicantes que iniciaba en la  Movida española de los ochentas, pasaba por Joaquín Sabina (que siempre se desmarco de esta generación musical) y llegaba estrictamente al aspecto literario a través de los poetas de la llamada Poesía de la experiencia, cualquier cosa que signifique esto, y que esencialmente trataba de recuperar el lenguaje sencillo en estructuras complejas y clásicas, lo que generaba obras cercanas al público menos allegado a la poesía,  poetas esencialmente deudores de Ángel González y de Gil de Biedma. Uno de ellos, Luis García Montero, me llevo a escritores de otra generación, poetas de mi edad, que curiosamente, frecuentaban o eran amigos de Sabina: Benjamín Prado había colaborado con el de Úbeda desde sus discos iniciales, en alguna canción de las más entrañables para mí (Cuando aprieta el frío) y tiempo después en todo el proceso creativo de Vinagre y Rosas.  Elvira Sastre le debe mucho a Benjamín Prado y lo confiesa sin restricciones. 

Elvira transita el complicado camino de la simplicidad, en la dificultad de la sencillez. De ahí las voces que desconfían de su poesía, como si el hecho de tener la capacidad de encontrar las palabras que aniden de forma inmediata en la gente sea un motivo de cuestionamiento. La claridad requiere valentía para no enmascarar las palabras en figuras retóricas o en bisutería. Lejos de la hermeticidad, Elvira sanar con sus versos muchas heridas habituales, de ahí su rápido reconocimiento entre un público que la sigue como a una Rock Star, llenando los auditorios donde se presenta para defender su poesía, en situaciones inéditas para nuestras generaciones que viven alejadas de la oralidad, sumergidas en mensajes de texto que requieren emociones prefabricadas para expresar los sentimientos. Ahí es donde encajan sus versos, en la falta que nos hace leer lo que sabemos que nos conmueve pero no sabemos expresarlo. Los libros de Elvira Sastre resultan así una especie de bálsamo. A sus treinta y dos años es un triunfo que bien se merece.




 

lunes, julio 22, 2024

Almudena

 



Decía Almudena Grandes: "no hay amor sin admiración." Es cierto.  Pero también es verdad que la pura admiración no es suficiente para amar.

domingo, julio 21, 2024

 Dilo

Solo dilo

En este columpio

No sé si es suficiente 

Lanzar dardos 

Decir conjeturas 

Dilo

Yo estoy listo

Tengo heridas de bala 

En todo momento cuerpo

Tengo el antídoto 

Para lo que sigue 

Mi sangre se hizo espesa 

Mi corazón no se detiene 

Solo.dilo

Porque las palabras no son solo palabras

Porque viven

laten

Se encajan exactas 

En el pecho 

En la historia

No hay realidad 

Toda nos la inventamos 

Nada es claro 

Nos sumergimos 

En mensajes de texto

En falsedades justificadas

Solo dilo

Sin anestesia 

Sin maquillaje 

Ya sabré de que manera 

Salir a flote

Ya he revivido antes

Ya rasque la tierra 

Ya resucite

Entonces dilo

Quizá duerma mejor 

Quizá despierte sin nudos en la garganta

Dilo para no rascar 

Para no escribirme historias 

Verdaderas o falsas 

Solo dilo

Los actos no son suficientes

Porque enmascaran siempre 

Lo que nos hace despertar de madrugada

es simple

dilo

Yo tendré un nido de palomas 

Y pan caliente

Y agua fresca

Porque sobreviviré 

Sin duda

Más menos cada vez

Menos que antes si

Pero sobreviviré

Porque con tus palabras

Construyó edificios 

Y la realidad se fragmenta

En pedazos que disificsamos

Para mantenernos vivos

dilo

Para renacer

En otro hemisferio 

Tibio

Dónde pueda escribir 

Un guión diferente 

Una historia ficticia 

Dónde el hubiera 

Y el es

Convivan

Y pueda entonces 

Doblar mis alas

Y empezar 

Cómo los niños 

A caminar

a balbucear

de nuevo

las primeras palabras



miércoles, julio 17, 2024

Nina Ferrari




Te eximo 

de cualquier culpa:

no hubo velos 

ni engaños.


Eras un pedacito 

de posible

y yo me encargué

de inventarme el resto.


Nina Ferrari




viernes, julio 12, 2024

 Hoy renunció mi ángel de la guarda.

Bukowski

 



La mayoría de las noches se repetía la misma canción. Ella me gritaba, agarraba su bolso y se largaba pegando un portazo. Era efectivo; habíamos vivido juntos y nos habíamos amado durante mucho tiempo, tenía que afectarme y me afectaba. Pero siempre la dejaba irse y me sentaba sin remedio en mi silla bebiendo mi whisky y conectaba la radio para escuchar un poco de música clásica. Sabía que ella estaba ahí fuera, y sabía que alguien más estaría con ella, pero tenía que dejar que ocurriera, tenía que dejar que las cosas siguiesen su propio curso.Pero cierta noche, estaba ahí sentado cuando algo se quebró en mi interior, pude sentir como se quebraba, algo se agitó y creció dentro de mí y entonces me levanté y bajé los cuatro pisos de escaleras hasta la calle.

Charles Bukowski / Factotum


jueves, julio 11, 2024

Haruki Murakami


 

"No existe en ninguna parte del mundo real nada tan bello como las fantasías que alberga quien ha perdido la cordura."

Haruki Murakami / De qué hablo cuando hablo de correr



miércoles, julio 10, 2024

 El camino a la primaria determinó el resto de mi vida: en esas esquinas convivían prostitutas y monjas, dos lados de la moneda en calles de barrio gris, inhospitalario. Había una pulquería con aquellas puertas de madera que iban y venían cuando entraban clientes y por debajo se podían ver los pies en un piso tapizado de aserrín. Nada ocultaba el olor a fermentación y por alguna razón la gente le pedía a los niños que no se acercaran a ese lugar porque podía salir algún borracho. Igual había una estación de autobuses de segunda y un local que vendía combustible en bolsas amarillas para los calentadores hoy extintos. Había misceláneas y tiendas de ropa entre las vecindades que dejaron de existir, la mayoría como la mía con el temblor de mil novecientos ochenta y cinco. Antes de llegar al colegio, un lugar donde vendían caldos de gallina y sopes y del otro lado un local de estambres y máquinas con juegos que en ese entonces parecían formidables: un hipódromo, futbolitos, un ping pong, entre otros. Igual una farmacia con un caballito de monedas y con un olor a medicamento permanente. La memoria se desgasta pero deja retazos así, que se van destejiendo, que desaparecen como las burbujas de jabón que veía desparecer en la coladera, cuando mi madre lavaba la ropa en una zotehuela que apenas alcanzo a dibujar en mi mente, donde alguna vez un gato cayó de alguno de los otros tres pisos y se quedó con nosotros, según recuerdo, con una oreja rota. Mi infancia siempre tuvo gatos y perros que transitan todavía en los sueños que poco a poco he dejado de tener.

martes, julio 09, 2024

 El dolor es inevitable, el sufrimiento es una opción. La frase en el contexto de un libro de Murakami suena razonable cuando después de vivir de manera fragmentada, nos encontramos siempre con la fatalidad o con el final de algo. Será que todo forma parte de una sola escena y hay matices, algunos brillantes, que justifican el caminar después de tantos años. Recuerdo los cuadros de barcos que colgaban de las paredes de mi casa, recuerdo las imágenes de trenes, los paisajes inaccesibles de revistas, las cosas que no pude tener cuando era niño y que permanecieron a lo largo de mi vida. Se escribe a partir de la carencia, de lo precario, es por eso que inventamos la mayor parte de nuestras emociones y nos resistimos a ser pasajeros. Esas ausencias dan frutos pero nos dejan indefensos. Ahí están las palabras, frente a la mentira burda de los hechos que siempre nos desmienten, la realidad que siempre nos decepciona. Esos inventos son los que nos hacen latir, los que se quedan hablando por nosotros hasta que se difuminan en el éter de la vida. Por eso seguimos buscando barcos, por eso nos conmueven los trenes.

lunes, julio 08, 2024

Será que un blog es un diario impúdico, donde se exhiben todos nuestros disfraces: música, citas literarias, textos inmaduros. Ninguna palabra autobiográfica, ni un párrafo de mi vida, como si a través de las voces de otros, jugáramos a las escondidas, desde esos años lejanos cuando después de permanecer ocultos por un tiempo, nadie nos buscaba. Qué episodio de la vida merece ser escrito, descrito. Qué pasaje tiene la suficiencia para sostenerse sin necesidad de recurrir a la invención, a esa forma de literatura llamada mentira.Qué sería la novela de Cormac McCarthy sin los barbarismos llevado al límite, sin la creación de un paisaje irrespirable, cómplice de la sangre derramada en cada una de las páginas. Así debe ser la literatura: debe dejarnos sin aliento. ¿Qué episodio de nuestra cotidianeidad merece ser escrito en un diario que habite en la red? Las únicas palabras verdaderas son aquellas que no se dice, las que no se publican. Y es que todos guardamos en nuestro interior la historia verdadera, aquella que reservamos, la que destazamos, la que filtramos para hacerla más amable, la que inventamos para no parecer tan canallas.

Ir

 Hace tiempo

Cuando tiempo no había 

Una jacaranda 

Se enredo en tus tobillos 

Y latio

Inflamando las nubes

Que ahora sueño

Entonces nací de nuevo

En un cuerpo diferente 

Con una historia distinta

Desde entonces 

Se acumulan los árboles

En mi habitación 

Y los pájaros imaginarios 

Los habitan

Y el amanecer llega tarde

Cuando entre líneas

Estás tu

En mi cabeza de helio

Apenas ahora

Que la marea ha bajado

Y cuando he descubierto 

Que no  era yo tu mapa

Que no era yo quien escribía

En tus libros 

Las historias que querías

Que no era yo

Quien descansaba en tu almohada

En fin 

Que no era yo

El yo que tú querías 

La marea no ha cambiado

No

Y así yo soy un remplazo 

Un sustituto

Un tentempie

Y sin embargo

Aún te sueño 

Y siguen esos dos 

Preguntándose 

Que sería si tú ya no

Que sería si yo ya no

Y mi personaje se pregunta

Quien es más cobarde 

El que pudiendo no quiere 

O el que queriendo no puede

 Hace tiempo 

Y sigo sujetándome 

A tu cintura 

Cómo aquellos telescopios 

Que buscan constelaciones 

No sé para que

 Solo para evitar el insomnio

Imaginando 

Que solo somos tú y yo

En una isla 

Sin nadie más

Y no

No es así

Ahora escribo

Lo que quisiera que fuera 

Vaya novela

Dónde tú final y el mío 

Coincidieran

domingo, mayo 24, 2020

LUIS EDUARDO AUTE







A Luis Eduardo Aute lo conocí desde niño sin saber la magnitud de artista que era. Es de esos casos en los que se escucha una canción y se queda instalada de inmediato en el subconsciente, sin saber siquiera quién es el autor. En mi juventud rabiosa de versos fallidos, escuchar Anda o Volver a verte, afianzaba mi inseguridad en las palabras: envidiaba la sencillez de producir emociones con palabras tan precisas. En esas canciones no sobraba, no sobra una sola palabra. Volvía a mis cuadernos a tachar versos, a lamentar mi incapacidad de hilar párrafos sanos, vigorosos, construidos con solo palabras justas.


Llegué a él  más por la infinidad de versiones y homenajes  que por su propias interpretaciones. Hasta que tuve la suerte de verlo en vivo. Entendí al autor que interpreta su propia obra, entendí sus entonaciones, la modulación de su voz tierna, que utilizaba como un pincel. Voz que acariciaba cada palabra que emitía, que ocultaba la gran timidez del cantor que entre canción y canción dejaba ver a un ser humano de gran lucidez y sentido del humor, de ese humor inteligente que es el que se queda incrustado en la mente. 

Nadie podía odiar a Aute, leí en un artículo que apareció un día después de su muerte. No se puede odiar a un ser humano universal, en el sentido más riguroso de la palabra: pintor, escultor, poeta, cantante, cineasta, músico.  Solitario también, discreto en su inteligencia, sabio, alejado de las redes que todo lo enredan, moderado, con la virtud de los viciosos de vino, de mujeres, de literatura. 

El 5 de abril desperté con la noticia de que Luis Eduardo había muerto el día anterior, después de una larga enfermedad que detuvo todos los proyectos que lo mantenían vivo. Desde que supe de su convalecencia sabía que no merecía estar mucho tiempo atado a camas de hospital. Aun así, me sobrevino un llanto legítimo, como cuando perdemos a un amigo cercano, más cercano que la gran mayoría de las personas que circulan por nuestras vidas.

Nos vemos en Vailima. Vivamos entre libros y acuarelas, en una película de Truffaut en blanco y negro. Viajemos a Albanta:


Yo sé que allí,
allí donde tú dices,
vuelan las alas del agua
como palomas de escarcha
y el mar no es azul
sino vuelo de tu imaginación
en Albanta.
Yo sé que allí,
allí donde tú dices,
las nubes callan palabras
y el cielo no dice nada
y el sol es un sol
transparente como tu corazón
en Albanta.

Yo sé que allí,
allí donde tú dices,
las ciencias no son exactas
porque es eterna la infancia
y el fin no es el fin
porque no acaba lo que no empezó
en Albanta.
Yo sé que allí,
allí donde tu dices,
no existen hombres que mandan,
porque no existen fantasmas
y amar es la flor
más perfecta que crece en tu jardín
en Albanta.


Nos vemos allá, Luis Eduardo.






jueves, mayo 21, 2020

NO SOMOS UN CUADRO DE HOPPER


El distanciamiento social obligatorio deja de ser aislamiento.  Dostoievski decía que el ser humano, incluso si estuviera encadenado, preferiría vivir a morir. Este largo periodo de ensimismamiento me ha traído muchos pasajes literarios y me ha llenado de recuerdos, de todos los recuerdos que no atesoré, refugiado en mi aislamiento social voluntario. Me vienen imágenes acumuladas en no sé dónde, entre ellas los cuadros de Edward Hopper. Esos colores ocres, reflejo de sus personajes solitarios, inmersos en la vida cotidiana, sin expresión, mirando al vacío exterior o interior. Siempre me han interesado los seres marginales, los desposeídos, los no reconocidos, los anónimos. Si son la mayoría, me interesa la humanidad, esos seres que transcurren, que ven como los días pasan y también los abandonan poco a poco dejándolos en una barra de bar, en un café, en una calle inhóspita. 



Porque los personajes de Hopper no solo son los solitarios que vemos a través de las ventanas, también lo son los transeúntes, la gemte que camina sin sentido, esperando encontrar algo que nunca consigue encontrar. Los solitarios que ya lo éramos desde antes del aislamiento de pronto nos encontramos más acompañados de lo que estábamos antes del confinamiento. Tenemos redes, podemos vernos por video en cualquier lugar en el que estemos, podemos estar en la inmediatez de una cámara. Y así nos sentimos cerca, así nos procuramos allegarnos a la gente que en condiciones normales no contactaríamos. ¿Para qué la libertad total de salir si terminamos refugiándonos en nuestros mismos hábitos, en nuestra misma rutina ruin?

Pero el paso del tiempo sí nos determina la soledad que decidimos vivir. Al observar después de dos meses la foto de un recién nacido, nos damos cuenta de lo vertiginoso que puede ser el calendario. Desde el encierro valoramos más las cosas que dejamos de hacer, el tiempo malbaratado. y no, no es que al final de esta distancia salgamos a la calle a abrazarnos con la gente que pase a nuestro lado, no. Seguramente nos refugiaremos en los mismos lugares que se fueron enraizando en nuestras articulaciones, iremos al trabajo, regresaremos a casa hartos de él, extrañando los días en los que no había más nada que hacer.




¿Para qué queremos la vida eterna si, en caso de obtenerla, repetiríamos exactamente las mismas acciones que componen nuestras vidas? Quizá, voluntariamente, nos aislaríamos después de un recorrido que nos llevaría de vuelta a la rutina que para algunos es sinónimo de felicidad.


No somos un cuadro de Hopper. Nos salvan los dispositivos, la tecnología. Podemos acariciar y besar una pantalla, es igual. Vivimos filmando, registrando nuestro paso por el mundo, minuto a minuto, en tiempo real. Somos menos reales cada vez, más virtuales, más lo que deseamos ser que lo que somos en realidad.  Esa es la nueva realidad. Mucho más estremecedora que los cuadros de esas personas solitarias; la realidad de seres solitarios que creen que no lo son, seres virtualmente felices, dejando rastros por donde quiera, desesperados por hacerle ver a la gente que estamos, que seguimos vivos.